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QBO conoce a QBO

Los que seguís este proyecto desde hace tiempo sabéis que hace ahora más de 6 años que comenzó. Si algo me ha sorprendido y agradado a partes iguales es la polémica generada en las últimas semanas alrededor del experimento de Qbo reconociéndose en el espejo. No por la publicidad que se ha generado alrededor del proyecto si no porque, de alguna forma, hemos actualizado ese debate que se había perdido hace mucho tiempo: ¿puede una máquina llegar a ser inteligente o autoconsciente?. Desde hace años hemos pasado de interesarnos por crear un cerebro artificial a desarrollar casi de forma exclusiva sistemas mecatrónicos muy sofisticados, pero poco inteligentes o ya programados.

Tras nuestro último vídeo, nos habéis hecho llegar reiteradamente una serie de preguntas muy interesantes, que pueden resumirse en dos: ¿qué pasaría si Qbo tuviera en frente suyo otro Qbo de su misma “especie” exactamente igual a él?, y lo que es más ¿es Qbo “consciente” de su imagen y de lo que está viendo?. Aquí tenéis una respuesta que hemos intentado simplificar al máximo sin entrar ni en temas filosóficos ni éticos, y por supuesto siempre según nuestro propio punto de vista.

Desde muy pequeños, los seres humanos aprendemos a reconocernos ante un espejo gracias a dos mecanismos: porque hemos aprendido a partir de los 8 meses cómo es nuestra apariencia, y porque nuestras acciones o movimientos son “replicadas” en forma de imagen en el espejo. Gracias a que somos conscientes de las acciones que realizamos, y a la vez  podemos reconocerlas en nuestro reflejo, sabríamos que somos distintos de otra persona  “idéntica” a nosotros, si nos pusiéramos delante de ella. Precisamente éste es justo el problema con el que un robot como Qbo debe enfrentarse ante la posibilidad de verse delante de un espejo o encontrar otro robot idéntico a sí mismo.

Inspirados por este proceso de auto reconocimiento en humanos, desarrollamos un nuevo nodo de ROS que entra en acción cuando el nodo “Reconocedor de Objetos”, previamente entrenado, ha identificado un Qbo en la imagen. Utilizando los parpadeos de la nariz para verificar si la imagen que ve el robot corresponde con la acción que está realizando él mismo en ese instante, Qbo puede saber en tiempo real si su imagen está siendo reflejada en un espejo o está viendo otro modelo Qbo diferente a él. La secuencia de parpadeos de la nariz es generada aleatoriamente en cada proceso de reconocimiento, por lo que la probabilidad de que dos robots generen la misma secuencia es muy baja, y más baja aún de que empiecen a transmitirla al mismo tiempo.

Después de que el Qbo de color verde haya reconocido a otro miembro de su “especie”, ambos mantienen una corta conversación. Para esta conversación se ha utilizado el software Julius (reconocedor de voz) y Festival (síntesis de voz), por lo que cada robot reconoce lo que el otro le dice y responde en función de la pregunta o del comentario escuchado gracias a una pequeña base de datos de conocimiento entrenada para tal fin. Gracias a los altavoces, al micrófono y a los sistemas de software mencionados, los robots Qbo son capaces de mantener una conversación utilizando voz sintética.

 

LA CONCIENCIA EN UNA MÁQUINA

Hay quien piensa que la “conciencia” es una capacidad intelectual que permite almacenar conocimiento sobre el mundo y explotar ese conocimiento para tomar decisiones y hacer predicciones de forma constante, tal y como sugiere en su libro On Intelligence Jeff Hawkins, co-fundador de las empresas PALM & HandSpring. Jeff sugiere que el ser humano no deja de ser más que una forma compleja de máquina estadística que intenta predecir en tiempo real y de manera constante respuestas inmediatas ante acciones que se generan en nuestro entorno.

Pero, ¿Qbo podría ser consciente de lo que ve aprende y le rodea?. Para saberlo, primero deberíamos responder a la pregunta de si es posible programar algorítmicamente la conciencia. Existen varias teorías al respecto, unas propugnadas por Roger Penrose, el más crítico con el desarrollo de un auténtico cerebro artificial, quien postula que la autoconciencia puede ser reproducida artificialmente pero no simulada algorítmicamente. Otros, en cambio, postulan que la autoconciencia es un proceso que emerge  como resultado de algoritmos y aprendizajes adecuados. Hoy en día, gracias a la neurociencia y la neurobiología, sabemos que lo que hacemos es el resultado de procesos y mecanismos aprendidos e inconscientes.
Aceptar que una máquina pueda llegar a tener algún tipo de consciencia, podría constituir una profunda herida para el narcisismo humano. Sin embargo, la pregunta que me hago realmente es si para que exista consciencia en una máquina es necesario de un sistema corpóreo “complejo” que soporte, por ejemplo, dolor o frío. Personalmente pienso que NO.

Si tomamos la teoría y las palabras de Roger Penrose, Qbo realmente NO es consciente de sí mismo, y simplemente “simula” un comportamiento algorítmicamente aprendido. En el caso del espejo mediante imágenes procesadas matemáticamente, y en el caso de reconocer a otro miembro de su “especie” mediante una acción mecánica pre-programada de su nariz. Si adoptamos la segunda teoría, Qbo sería real y algorítmicamente consciente de su imagen y de la acción de la nariz (siempre hablando desde un punto de vista matemático ).

En el año 2007 Hod Lipson, ingeniero en Robótica de la Universidad de Cornell, dio una charla brillante sobre la madre de todos los diseños – la evolución- y la toma de conciencia que podría producirse a posteriori en un robot, incluyendo una demostración de su postulado. Por una parte, Hod Lipson sostiene que debemos dejar de crear manualmente robots para que ellos mismos puedan evolucionar mecánicamente, y por otro lado sostiene y demuestra que hay que dejar a las máquinas aprender mediante refuerzos y aprendizaje.

Según la teoría de Hod Lipson, Qbo por el momento no sería más que un montón de motores, electrónica, cámaras, etc  formando un conjunto mecánico que, mediante software, podríamos someter a cierta “selección natural”. Alimentándolo mediante recompensas ante una serie de juegos, retos o simplemente aprendizaje, sería posible que Qbo llegara a hacer aquello por lo que fue recompensado como, por ejemplo, reconocer la cara de una misma persona en diferentes situaciones a base de refuerzo (cosa que por otra parte ya hace ).

¿Quiere todo esto decir que Qbo podría ser consciente de lo que hace o le rodea?, la respuesta es que por el momento, como bien diría Hod Lipson, Qbo no es más que un conjunto eléctrico-mecánico programable con la capacidad mecánica de ver, oír, hablar y moverse. El ecosistema y la comunidad que se genere alrededor de Qbo programándolo y enseñándole dirá si en un futuro podríamos estar asistiendo al nacimiento de “cierta inteligencia espontánea”. Desde luego se trata de una tarea terriblemente ardua imposible de desarrollar por unos pocos ingenieros. Sólo gracias al trabajo de una verdadera comunidad de programadores, diseñadores y profesorado, podremos resolver este reto.

&

FELIZ AÑO NUEVO


 

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